En los últimos años todos hemos oído hablar mucho de la palabra talento, entendido como el factor primordial para el éxito del proyecto, de la iniciativa personal, profesional o de la empresa.

Al hablar de talento damos por sentado que todos saben de lo que hablamos, pero cada uno lo entiende a su manera. Unos, lo refieren a la gestión de los recursos humanos; otros, a las capacidades, destrezas y habilidades personales para desempeñar las funciones encomendadas; otros, al virtuosismo en su materia y, otros, incluso a alcanzar la excelencia.

 Pretendo que desde ahora mismo consideremos el talento como un todo, compuesto por la unión de las pequeñas cosas que nos hacen grandes en el desempeño de nuestras funciones, desde las capacidades, el aprendizaje y la formación de las mismas hasta la constancia, el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación necesarias para lograr el éxito.

Las capacidades innatas de cada persona y la formación previa adquirida son los elementos básicos del conocimiento para el desarrollo de las funciones. Hay que saber detectar los aspectos en los que destaca y tratar de enfocarlo, cualificarlo y potenciarle su perfil en beneficio propio y para que esta repercuta a la empresa.

Al igual que no nos imaginamos a Maradona o a Pelé jugando como porteros y a Casillas regateando y rematando goles, o a Messi o Alonso jugando a baloncesto, ni a Sabonis o Jordan encima de un caballo de carreras, de igual manera debemos seleccionar los mejores perfiles que tengamos para desarrollar las funciones para las que destacan dentro de cualquier faceta de la vida. Más aún, en la empresa.

Para quien lidera un proyecto o para quien forma parte del mismo, lo principal es sentirse identificado, tenga la dimensión que tenga. Es el resultado de marcar retos y cumplir los objetivos, desarrollar proyectos de forma constructiva y positiva obteniendo éxitos en el desempeño de las funciones de cada uno, con la aportación de sus propias herramientas para hacer el puzle de cada iniciativa, encajando todas las piezas.

Las empresas evolucionan y esa evolución se sustenta en la aportación que todos hacen para sentirse identificados con el proyecto. Consiste en ser espejos de la organización y proyectar los valores y principios que se trasmiten, siendo coherente en el mensaje y con el discurso que se propugna.

Dentro de los factores a tener en cuenta en las organizaciones destacan tres muy importantes. Hay que valorar una adecuada comunicación interna y externa, canalizar el flujo de información que retroalimente a los protagonistas, así como que se vean las aportaciones de todos en el proceso productivo final. Se trata de que cuando se tomen decisiones antipopulares sean entendidas y respaldadas por todos.

También hay que potenciar la creatividad individual y la aportación de ideas del equipo, delegar responsabilidades, poder y autonomía en las decisiones con un sentido y una dirección común conocida por todos.

Y el tercer factor es poseer una buena y adecuada política redistributiva y una tabla de recompensas salariales que cuantifique de forma equilibrada la relación entre las expectativas y las recompensas. Que todos se sientan valorados y retribuidos según su esfuerzo e implicación en el proyecto y de lo que la empresa espera de ellos.

La motivación pasa por adaptar la empresa a la realidad de cada persona desde una planificación anticipada de fechas de trabajo y objetivos, conciliar la vida laboral y familiar, consensuar las vacaciones, la formación continua para el reciclaje y la especialización, el uso de las nuevas tecnologías para optimizar el trabajo y que haya flexibilidad en los planteamientos para beneficio del conjunto. La aplicación de planes de igualdad a políticas redistributivas por objetivos, crear un buen clima laboral y generar motivación al personal que le produzca satisfacción y sentido de utilidad más allá de la meramente monetaria –supone un salario emocional- se trasmite en una mayor productividad para la empresa y en felicidad.

La empresa siempre debe basar sus estrategias para que el esfuerzo en la gestión del talento, las capacidades y el conocimiento repercuta en la productividad potenciando el talento mediante el fomento de las habilidades y destrezas individuales y colectivas, fomentando la colaboración y la sana competencia, el optimismo y la cooperación del equipo, celebrando los éxitos y los logros individuales para el bien común, así como las ideas como fuente de inspiración y la mejora continuada de la empresa con la participación de todos.

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